Domingo 26 de febrero de 2006

Noticias | Edición impresa | Enfoques | Nota
Educación

Desconexión: entre la escuela y los alumnos

En la Argentina, coinciden los expertos, el sistema educativo no se adaptó a las nuevas realidades de una generación que creció en el vértigo de Internet y el zapping. Qué proponen los especialistas

Las ciberculturas. El hipertexto. La música tecno, el rock y la cumbia. Internet. Las pantallas. El piercing y los tatuajes. La atención múltiple. El zapping. El alcohol, la droga y el sexo, más accesibles. Todo es vértigo. Hay que vivir el presente.

Los jóvenes -al menos, gran parte de ellos- ya no son lo que eran. Transcurren sus vidas en un mundo que los adultos con frecuencia no comprenden. Y si muchos padres están hoy desconcertados, la escuela media más aún, ya que se enfrenta día a día con un escenario para el que no está preparada: el surgimiento de formas juveniles cada vez más variadas y complejas, inmersas en un mundo tecnológico que les resulta "natural".

Vale, entonces, la pregunta: ¿cómo hace la escuela para superar el creciente divorcio que, según muchos especialistas, existe entre la cultura escolar y las culturas juveniles? ¿En qué medida esta distancia es la causa de que -según consta en las cifras oficiales- casi cuatro de cada diez chicos no terminen el Polimodal? No pocos docentes viven el fenómeno perplejos. Los alumnos -en sus formas de ser, pensar y sentir- son personas que les resultan desconocidas, que se alejan bastante del "estudiante ideal": no son más aquellos chicos de familias nucleares, que reconocían la autoridad del profesor por el sólo hecho de estar frente al aula. No. Ahora, el docente tiene que ganarse el respeto centímetro a centímetro. Día a día. Con todo tipo de estrategias. Y en la tarea, muchos fracasan.

Las clases ya comienzan en todo el país. En total, más de medio millón de alumnos cursarán en 2006 el Polimodal (correspondiente a los tres últimos años del secundario). Una matrícula que en los años 90 se amplió e incorporó nuevos grupos sociales, más pobres. Entre todos, conforman el eslabón más débil del sistema educativo. Los más difíciles de retener. Y también, los más difíciles de entender. "La evolución de la cultura juvenil no tuvo un impacto fuerte ni en los contenidos ni en la organización institucional de la escuela -reconoce Daniel Filmus, ministro de Educación, Ciencia y Tecnología en diálogo con LA NACION-. La escuela sigue siendo disciplinar, diferencia materia por materia, y hay una fuerte presencia del profesor-taxi", agrega, aludiendo a los docentes que dan clase en varios colegios y que no llegan a entablar una relación personal con sus alumnos.

Según Filmus, por un lado está el "modelo institucional" y, por el otro, las materias que "no están preparadas para las preguntas que los chicos se hacen". En este sentido, según el funcionario, la clave está en que la escuela incorpore "los elementos centrales de la cultura juvenil y que, al mismo tiempo que cumple con los objetivos respecto de los aprendizajes, comience con las preguntas de los propios chicos". Pero antes de continuar con el debate, analicemos qué elementos producen este aparente "divorcio". Como afirma Emilio Tenti Fanfani, especialista en Educación del Instituto de Investigación y Planeamiento Educativo (IIPE-Unesco) el programa escolar tiene huellas de su momento fundacional: se basa en la "homogeneidad, sistema de continuidad, coherencia, orden y secuencia únicos". En tanto, "las nuevas generaciones son portadoras de culturas diversas, fragmentadas, abiertas, flexibles, móviles e inestables", entre otras características. Otros ejemplos: el libro, el pizarrón y el borrador, la disciplina, la división por materias y la inercia escolar se contraponen a la agilidad, la respuesta simultánea y rápida a diversos estímulos, la primacía de lo audiovisual y la satisfacción instantánea a la que están acostumbrados los chicos.

¿Y los docentes? Si bien consumen medios de comunicación audiovisuales (más de siete de cada diez ven televisión y escuchan radio diariamente), no tienen un contacto fluido con las computadoras, según una encuesta realizada entre casi 2400 educadores argentinos. El relevamiento forma parte del libro La condición docente, que el IIPE-Unesco presentó el año último y que ofrece los datos más actualizados hasta el momento.

Según el estudio, la mitad de los docentes -en particular los de nivel medio- poseen computadora en el hogar, y poco más de un tercio tiene acceso a Internet. Pero el uso concreto de la computadora para producir textos escritos es escaso y presenta una amplia diferencia según los quintiles de ingreso per cápita del hogar. Así, el 63,2% de los docentes del 1º y 2º quintil (los más pobres) no la utiliza nunca, comparado con el 40,9% del 3º y 4º quintil y el 23,8% del 5º quintil. A la vez, más de siete de cada diez no utiliza nunca el correo electrónico.

Mientras, datos de la consultora Carrier y Asociados indican que existen unos dos millones de menores de 18 años que acceden a Internet, de los cuales el 55% se conecta diariamente; en un 85% lo hacen con fines personales y en un 15% por estudio. Son la generación que nació con la PC.

Evaristo Carriego, investigador de Flacso, estudia la relación entre las ciberculturas y las culturas juveniles. Según dice, las computadoras brindan a los jóvenes una serie de elementos, que a su vez tienen varias consecuencias. "Lo primero que les otorga es poder sobre la información y una sensación de libertad e instantaneidad -dice-. Y el espacio y el tiempo cobran así otra dimensión".

"El docente no necesariamente se ve cuestionado pero no está al tanto de todas las cosas que pasan por las cabezas de los jóvenes -continúa Carriego-. La velocidad, el manejo y la visión del mundo que tienen son diametralmente opuestos. El adulto ve el mundo de manera local mientras que un adolescente acostumbrado a manejar por Internet lo ve de manera global".

La computadora es también una herramienta difícil de "controlar". ¿Cómo hace un docente, por ejemplo, para saber qué hacen los chicos en el aula con las PC, allí donde las hay? Mientras el profesor explica algo, los chicos pueden estar entrando en páginas web, chateando entre sí, abriendo otros programas y? simultáneamente, siguiendo la clase.

Las nuevas tecnologías hacen que la escuela pierda el monopolio de la información y del saber. Para ejemplificarlo, Carriego comenta: "Cuando uno pregunta a los chicos de dónde sacan información, dicen de Google. No dicen de los libros, de mis profesores, de mis padres?" De hecho, los jóvenes de hoy son parte de la primera generación que tiene a la computadora como algo natural. Y si bien muchos no tienen acceso en sus casas o en el colegio, la proliferación de los ciber a un costo relativamente bajo -alrededor de un peso la hora- hace que también en los sectores más pobres la red no sea algo ajeno, sugiere Carriego. Los docentes, en tanto, en la otra vereda. Para la mayoría, aprender a usar la PC e integrarla a su vida diaria requiere un esfuerzo y una disposición adicionales. Se genera así no sólo una brecha de acceso -entre quienes tienen o no computadora- sino también una brecha generacional.

Los saberes y los medios

"A los adultos nos resulta más difícil procesar este cambio cultural -sostiene Laura Manolakis, directora de la Licenciatura en Educación de la Universidad Nacional de Quilmes-. ¿Qué está en juego? La supremacía de los saberes entre la escuela y lo massmediático, pelea en que la escuela parece decididamente ponerse en el lugar de la derrota". Según Manolakis, no se trata tanto de la competencia entre la escuela y los aparatos (por ejemplo, libros v. Internet) sino de la escuela frente a la massmediatización de la cultura, en todos los órdenes. Para resolver esta encrucijada, dice la especialista, la escuela intenta reciclarse pero dentro de su formato tradicional. Y eso no alcanza.

En cuanto a los jóvenes, muchas cosas se han modificado. Sergio Balardini, psicólogo y miembro del proyecto Juventud de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (Flacso), afirma que los adolescentes de hoy construyen su identidad más tempranamente. Y lo hacen ya no desde en un lugar específico -como sucedía antes con la familia o la escuela- sino en una secuencia de lugares.

El mercado de consumo, los medios de comunicación y -en particular, para muchos jóvenes- la calle, son lugares de socialización y de creación de identidad.

A esto se suma -dice Balardini- la modificación en las instituciones más tradicionales. Por un lado, hay distintos tipos de familia (ensambladas, de padres divorciados, monoparentales, etc.) y las relaciones de poder entre el varón y la mujer han cambiado: la mujer sale a trabajar y el hombre no es proveedor ni dueño de la verdad. Hay más negociación. Por el otro lado, estos cambios influyen en la escuela, donde la autoridad ya no es "algo que se baje verticalmente sino que se gana y se construye".

Elena Duro, oficial de Educación de Unicef Argentina, hace otro aporte al debate: "Una de las finalidades prioritarias de la educación es la transmisión de conocimientos y cultura. En este sentido, la indiferencia de la escuela hacia temas emergentes de las culturas juveniles es una tensión a resolver, pero no constituye el mayor de los problemas que hoy enfrenta la educación destinada a adolescentes y a jóvenes en el país", afirma. Añade que existen tantas culturas juveniles como grupos de pertenencia a barrios, comunidades, tribus, áreas temáticas o sectores sociales. No hay una cultura adolescente a transmitir, su variedad se relaciona con la diversidad de adolescencias que existen. "Es importante que la escuela deje de actuar y de ver a los adolescentes como si fueran un todo homogéneo", aclara.

Para Jorge Levoratti, director de Educación Polimodal y Trayectos Técnicos Profesionales de la provincia de Buenos Aires, siempre hubo una distancia entre la institución escolar y los jóvenes. "La escuela como institución es una entidad social que ha surgido con la finalidad de normalizar conductas y, en este sentido, siempre ha habido una distancia entre la espontaneidad del ser juvenil y el deber ser de la escuela", explica a LA NACION. A su entender, "la generalización de ?los jóvenes´ es una simplificación del problema, porque hay realidades distintas según sectores sociales y ámbitos territoriales". "Hay que asumir que el estudio es una actitud de esfuerzo; aprender demanda esfuerzo", recuerda el funcionario. En cuanto a la relación de los docentes con la tecnología, cree que "no es una cuestión insalvable. Hay que diseñar acciones que los incluyan y contenidos que despierten su interés", dice. "No es una responsabilidad de los docentes, sino de las políticas. Hay que desarrollar un acompañamiento que les permita hacer uso de las tecnologías".

La salida

Desde ya, no está todo perdido. ¿Qué puede hacer entonces la escuela para recuperar a los jóvenes, acompañarlos y, sobre todo, educarlos? "El maestro tiene que conocer al alumno real -dice Tenti Fanfani-.Tiene que conocer al sujeto, a esa chica, a ese chico, su lenguaje, sus gustos, preferencias, su estética. Tiene que incorporarse esta materia, culturas juveniles, en el currículo de formación docente". Y continúa: "Cuando un docente dice ?a estos chicos no les interesa nada´, no es cierto, en realidad debería estar diciendo ?no les interesa nada de lo que yo les estoy contando´". Según el especialista, el deber del docente es generar el interés en el alumno. Para esto, Tenti Fanfani también apunta a las nuevas tecnologías. "Un trabajador de la cultura no puede no tener acceso a las tecnologías. Tendría que haber un programa nacional de acceso barato para docentes, para que puedan familiarizarse", dice.

En este sentido, Filmus dice que se han distribuido casi 50.000 PC en lo que va de su gestión y la idea es llegar a las 100.000 el año próximo. A esto se suma el acuerdo que realizó con el gurú de la era digital, Nicholas Negroponte, de comprar un millón de laptops a 100 dólares hacia 2007. "No sólo estamos comprando y equipando, sino haciendo una capacitación masiva", explica el ministro.

Para Elena Duro, "hoy se puede constatar una necesidad de hacer de la escuela una institución convocante, y desde esta necesidad aparecen las culturas juveniles como una de las vías para canalizar cierto déficit que hace tiempo atraviesa la escuela por muchas otras razones". Y añade: "Es necesario hacer de la escuela una institución amigable, pero no nos confundamos, el aprendizaje es esfuerzo, trabajo y dedicación. Este esfuerzo será provechoso en la medida en que se pueda motivar y hacer que los adolescentes accedan a aprendizajes a través de temas y problemas pertinentes a una formación que los habilite de verdad para poder insertarse en una sociedad cada vez más compleja y competitiva".

En algo coinciden todos. Más allá de sus falencias y problemas, la escuela sigue teniendo un rol fundamental en los adolescentes. Y, como afirman muchos: ¿si no es en la escuela, en qué otro lugar mejor pueden estar hoy?

Por Amalia Eizayaga

Link corto: http://www.lanacion.com.ar/783721